Madring vivió un fin de semana de lujo: el Gran Premio más exclusivo que se recuerda en Madrid
Quien pasó por Madring este fin de semana no presenció simplemente una carrera. El nuevo circuito se convirtió en el epicentro de uno de los acontecimientos más glamurosos que se recuerdan en la ciudad, con más de 300.000 personas acumuladas entre el viernes y el domingo y aficionados llegados desde los puntos más dispares del planeta para vivir la categoría reina del automovilismo.
Pero más allá del rugido de los monoplazas existió otro Gran Premio paralelo: el de los negocios millonarios, el champán a cascada y los palcos que cuestan auténticas fortunas. Os contamos cómo fue esa cara más selecta de la cita, de la que nos hemos hecho eco tras los testimonios recogidos por la prensa acreditada.
El Club 91, donde todo se decidía fuera de la pista
El enclave más reservado de todo el recinto fue el Club 91, situado en la recta de meta, justo enfrente de boxes. Allí los asistentes podían disfrutar de propuestas gastronómicas firmadas por chefs con estrella Michelin, cócteles de autor, vinos escogidos por un sumiller, salones privados y una terraza al aire libre. La experiencia rondaba los 6.000 euros y, aun contando con ese presupuesto, conseguir plaza no era en absoluto sencillo.
Quienes lograron entrar vivieron algo que iba mucho más allá del deporte: pequeños graderíos de apenas cuatro filas desde los que se almorzaba sentado antes de ver pasar los coches a pocos metros, barra libre de comida y bebida, música en directo y hasta regalos para los invitados.
Palcos privados, simuladores y una terraza de película
Si el Club 91 ya era exclusivo, los palcos privados que lo flanqueaban iban un paso más allá. Cada uno contaba con su propio catering, sofás para descansar e incluso simuladores para rodar por Madring mientras, de fondo, sonaban los verdaderos F1. Un entorno menos vistoso que el famoso Paddock Club, pero más íntimo y perfecto para cerrar acuerdos entre empresarios de medio mundo mientras las carreras se desarrollaban al otro lado.
La segunda planta elevaba todavía más el nivel: una terraza climatizada con vistas a la recta principal, sofás comodísimos, música house de ambiente y un flujo constante de platos y copas sin límite. En ese momento quedaba claro que el Gran Premio había dejado de ser solo una cita deportiva para transformarse en un auténtico acontecimiento social.
Y cuando acabó la carrera, la noche se mudó a Fitz
La fiesta no terminó con la bandera a cuadros. Como ocurre en cada Gran Premio del calendario, el patrocinador Belvedere eligió una sala de la ciudad para el after party oficial en colaboración con la FIA, y en esta ocasión el turno fue para Fitz, una de las discotecas más reconocidas de Madrid. Puso la música el DJ Gordo, y las mesas más cotizadas se habían vendido por 10.000 euros.
Las botellas de champán desfilaban sin parar entre reservados y salas privadas, y en un pequeño rincón del local servían chupitos de vodka seguidos de caviar. Sí, habéis leído bien: vodka y caviar como aperitivo de madrugada. Un detalle que resume a la perfección el nivel de la velada.
Un fin de semana que la capital no olvidará
Entre palcos de infarto, chefs estrellados y ambiente de gala, hubo además un motivo extra para el optimismo: VELO, patrocinador oficial de McLaren, celebró por todo lo alto que el equipo se llevó la clasificación, lo que convirtió su palco en una auténtica fiesta durante todo el fin de semana.
Desde la vertiente VIP, difícilmente se le puede poner una pega a lo vivido: hay pocos Grandes Premios en el mundo capaces de ofrecer una experiencia similar. Madrid ya tiene su Gran Premio y, como hemos comprobado, también su particular manera de celebrarlo a lo grande. Si el circuito repite el año que viene, ya sabéis: conviene ahorrar, hacer buenos contactos o conformarse con el ambiente de las gradas, que también tiene su encanto.


