Iyana Martín aterriza en Madrid con el bronce mundial y una promesa de futuro
Iyana Martín (Oviedo, 2006) puso ayer pie en tierra madrileña con una medalla de bronce colgada al cuello y con la misma sonrisa que la ha acompañado durante todo el Mundial disputado en Berlín. La base de la selección española llegó a la capital tras conquistar el pasado domingo el tercer puesto del torneo, y lo hizo convertida en una de las grandes sensaciones de la competición.
Sus números en el partido por el bronce ante Alemania lo dicen casi todo: 22 puntos y 10 asistencias para cerrar un campeonato espectacular. Pero más allá de las estadísticas, su alegría, su desparpajo y su manera de competir se han convertido en el rostro de una generación de jugadoras que, por talento y cualidades, promete seguir dando alegrías a la afición en los próximos años.
El mundo del baloncesto se rinde ante ella
La internacional ha sido incluida en el mejor quinteto del Mundial y elegida mejor jugadora joven del torneo. Uno de sus momentos más comentados fue la acción que le marcó en semifinales a la estadounidense Breanna Stewart, que después sería designada MVP del campeonato: una jugada de enorme plasticidad y elegancia para dejar sentada a su rival e irse a anotar que dejó boquiabierto a más de un espectador.
Preguntada por aquel detalle, la ovetense reconoció con naturalidad que lo había visto alguna vez a posteriori, aunque dejó claro que lo que de verdad le ilusiona es que este tipo de momentos sirvan para dar visibilidad a su equipo y al deporte que practica. Ni egos ni lucimientos personales: el mensaje de la joven base va siempre en otra dirección.
Lo colectivo por delante de lo individual
A su llegada a Madrid, Iyana quiso poner el foco en el grupo antes que en los galardones individuales. Se quedó, según explicó, con los éxitos vividos en conjunto, una experiencia que calificó de increíble e inolvidable y de la que guarda el mejor recuerdo. Y es que, por encima de entrar en el quinteto ideal del torneo, lo que más relevancia tiene para ella es la medalla: un bronce mundial conseguido junto a doce compañeras que la hicieron mejor y a quienes ella, dice, también ayudó a mejorar.
La jugadora subrayó además lo bien que se lo pasó durante la competición: disfrutaron juntas, le dejaron equivocarse y le permitieron ser ella misma, motivo por el que se declara incapaz de estar más contenta. Estas declaraciones fueron recogidas por RTVE nada más aterrizar en la capital.
Una visibilidad que el baloncesto femenino llevaba tiempo esperando
Iyana tampoco quiso pasar por alto lo que este éxito significa para su deporte. Se mostró muy contenta y orgullosa, consciente de que el Mundial es una de las mejores competiciones que existen, si no la de mayor nivel. En su opinión, el torneo ha generado muchísima visibilidad, que era precisamente una de las cosas que el equipo buscaba, y celebra que se haya hablado tanto de la cita y que tanta gente haya seguido la aventura de las nacionales.
Un punto de partida, no una meta
El mensaje que dejó la jugadora a su paso por Madrid es puro optimismo: esta medalla no es el final del camino, sino la carta de presentación de lo que este grupo puede llegar a hacer y una muestra de la importancia del baloncesto femenino español en el mundo. A este equipo, advirtió, le quedan muchas páginas por escribir.
Quienes seguimos el deporte desde la capital tenemos motivo para la ilusión: el baloncesto femenino español ha encontrado una nueva referencia, y lo mejor, según la propia protagonista reconoce, es que esto no ha hecho más que empezar.


