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El único vestigio que se conserva de la antigua Iglesia de San Vicente, erigida a finales del Siglo XII es la espadaña o torre de las campanas, actualmente integrada dentro de los muros del cementerio. Esta iglesia fue muy importante en los primeros siglos de existencia del pueblo ya que su jurisdicción llegaba hasta El Escorial. Al desplazarse el pueblo al lugar que hoy ocupa, la Iglesia de San Vicente quedaba lejos y era ya muy vieja, hacía aguas y había que tenerla apuntalada, teniendo dificultades la población en asistir a misa y a los actos del culto. Hasta el día de la inauguración de la nueva iglesia, el 8 de Diciembre de 1615, los colmenareños fueron fieles a sus citas con el antiguo templo. Actualmente, la festividad de San Vicente se vive en Colmenar del Arroyo asociada a la redención que el Santo y el humo de los tomillos ejercieron sobre una peste que afectó gravemente a esta población. Aunque no se ha constatado cronológicamente el hipotético año en que esta epidemia tuvo lugar, la creencia es que, durante los peores momentos de la epidemia, los vecinos quemaban tomillos y retamas al atardecer para aliviar el hedor que se había adueñado de las calles. El 22 de enero se celebra una Misa y procesión donde los colmenareños llevan a hombros a San Vicente hasta el punto más alto de la localidad, llamado Cerrillo de San Gregorio. El párroco hace una solemne bendición al pueblo desde ese punto en el que estuvo antiguamente emplazado el municipio. Los fastos comienzan la víspera con la quema de tomillos a las puertas de los hogares que previamente habrán sido recogidos en las dehesas del municipio durante la tarde. Durante horas el pueblo se cubre por una agradable neblina con el aroma que desprenden los tomillos al quemarse. Los colmenareños aprovechan así las ascuas que deja la quema de los tomillos para reunirse a su alrededor y acompañarse de familiares y amigos.