Más que un juego: la historia de Josema Conde entre Madrid y Ronda
En el panorama deportivo de nuestra ciudad, hay figuras que trascienden las canchas y los marcadores. Josema Conde es uno de esos nombres que resuenan con fuerza. Aunque sus raíces están en Ronda, Málaga, su vida profesional y personal ha echado raíces firmes en Madrid, donde se ha convertido en un referente absoluto del baloncesto en silla de ruedas. Su trayectoria no es solo una suma de trofeos, sino un testimonio de cómo el deporte puede reconstruir una vida.
De la bicicleta a la silla de ruedas
La historia de Josema no comenzó bajo los aros. De joven, su pasión era el ciclismo de montaña. Sin embargo, un accidente durante un entrenamiento a los 17 años cambió su destino para siempre, provocándole una lesión medular. Lejos de rendirse, encontró en el baloncesto adaptado una nueva vía para recuperar la ilusión. Confiesa que, de pequeño, nunca imaginó llegar tan lejos en este deporte, que en sus inicios era bastante desconocido. Para él, empezar a entrenar y competir fue la herramienta clave para conectar con una nueva realidad y mantener vivas sus aficiones.
Un palmarés de excepción en la capital
Su carrera como jugador ha sido brillante. Como escolta del CD Ilunion, el equipo madrileño más laureado de España y potencia europea, ha ganado prácticamente todos los títulos posibles a nivel de club. Solo le faltaba la Supercopa de España, un hueco que logró rellenar recientemente. A pesar de este éxito rotundo, guarda una espina clavada: no haber podido disputar unos Juegos Olímpicos con la selección española. Ahora, esa ambición se traslada a su faceta como entrenador. Recientemente ha sido nombrado primer técnico del CD Ilunion y continúa como segundo entrenador de la selección femenina, con la mirada puesta en los Juegos de Los Ángeles y el próximo Mundial en Canadá.
Educación en valores con la Fundación Real Madrid
Más allá de la competición de élite, Josema dedica parte de su tiempo a proyectos sociales en Madrid. Colabora activamente con la Fundación Real Madrid, impartiendo talleres y organizando campus. Este programa utiliza el baloncesto para educar en valores, llegando a niños y niñas con discapacidad o en contextos de exclusión social, incluyendo centros penitenciarios. Para Josema, esta labor es profundamente gratificante; le ayuda a mantener los pies en la tierra y a valorar la suerte de tener una vida plena, sirviendo de inspiración para los más jóvenes.
Vivir entre dos ciudades
Aunque reside en la capital, el vínculo con su tierra natal sigue intacto. Sus viajes a Ronda no son por nostalgia de la ciudad en sí, sino por la familia, especialmente por sus dos sobrinos pequeños. En sus trayectos en tren, el trabajo nunca descansa, siempre preparando el futuro o analizando el pasado. Eso sí, cuando tiene un hueco, disfruta de la lectura, recomendando recientemente obras sobre la meditación y el silencio.
Madrid, el calor y la accesibilidad
Al comparar ambas ciudades, Josema es claro: en Madrid se pasa mucho más calor, comparándolo incluso con Córdoba, mientras que en Ronda la montaña refresca las noches. Eso sí, tiene un rincón favorito en su ciudad de adopción para el atardecer: una terraza conocida al final de la calle de la Bola, donde se puede contemplar cómo el sol se pone tras las montañas y ver la plaza de toros a lo lejos.
Sobre la accesibilidad, ofrece una visión crítica pero constructiva. Considera que, aunque las leyes obligan a adaptar espacios y transportes en ciudades como Madrid, la verdadera asignatura pendiente está en las personas. La falta de conciencia y la ignorancia, más que la maldad, siguen siendo barreras importantes para quienes tienen movilidad reducida. Su objetivo sigue siendo inspirar a los niños y jóvenes, demostrando que la resiliencia es el mejor deporte de todos.


