Ciento cincuenta años de la Institución Libre de Enseñanza: el legado de Giner que empezó en Madrid
Han pasado ciento cincuenta años desde que un grupo de catedráticos decidiera plantar cara al sistema educativo de su época, y aquel gesto sigue dejando huella. La Institución Libre de Enseñanza, fundada en Madrid en 1876, cumple este octubre siglo y medio de vida, una buena excusa para repasar por qué este proyecto pedagógico marcó tan profundamente la historia intelectual de la capital y de todo el país.
El origen merece recordarse. Francisco Giner de los Ríos se alió con Nicolás Salmerón, Teodoro Sáinz Rueda y Gumersindo de Azcárate para crear la institución después de ser apartados de la Universidad Central de Madrid. Su supuesto delito: defender la libertad de cátedra y apostar por una enseñanza laica impregnada del pensamiento krausista. No era poca cosa en aquellos tiempos.
De la capital al valle de Laciana
La efeméride se celebra con una exposición en la casona de la Fundación Sierra Pambley en Villablino, en el leonés valle de Laciana, y hay una razón de peso para que el homenaje tenga lugar allí. En noviembre de 1885, con la nieve cubriendo las montañas, Giner, Manuel Bartolomé Cossío y Azcárate se reunieron en aquella casa con Francisco Fernández Blanco Sierra Pambley, el conocido como don Paco, para fijar los principios de una fundación que se constituiría la primavera siguiente. El contacto había nacido de la amistad de Sierra Pambley con Azcárate, que era de León.
Aquel proyecto fue, de hecho, la segunda creación de la ILE, tal como explica su presidente, Graciliano Palomo, quien subraya que ambas entidades comparten corresponsabilidad en sus patronatos y colaboran en actividades. La muestra, que permanecerá durante septiembre para visitas escolares y concertadas, emprenderá después una gira por otras provincias.
Décadas oscuras y una recuperación esperada
El camino no fue sencillo. El 21 de abril de 1939, ya terminada la Guerra Civil, la sede de la institución fue incautada y el proyecto entró en un largo silencio. Tuvieron que pasar los años hasta 1978 para que la Fundación Francisco Giner de los Ríos lograra la reintegración de sus bienes. En paralelo se restableció la fundación leonesa y, al año siguiente, la institución organizó en Villablino su primera colonia de vacaciones, devolviendo la vida a una tradición institucionista que llega hasta hoy. Aquellas colonias eran la prolongación veraniega de una manera de educar basada en las excursiones y el conocimiento del patrimonio y la naturaleza. "Un día de campo vale mucho más que un día de clase", solía afirmar Giner de los Ríos.
Escuelas rurales y alumnos que llegaron lejos
En la planta baja de la casona se cuenta la trayectoria de la fundación, que arrancó con la Escuela de Enseñanza Mercantil y Agrícola y llegó a sumar cuatro centros más: la Escuela Industrial de Obreros en la capital leonesa, otras dos en Hospital de Órbigo y Villameca, y una en Moreruela de Tábara, ya en Zamora. En 1913 abrió en Villablino una sección de niñas impulsada por Luisa de la Vega Wetter, investigadora e ilustradora científica ligada a la institución, a la que el Museo Marítimo del Cantábrico de Santander dedica una exposición hasta el 27 de septiembre.
De aquellas aulas rurales salieron futuros docentes y también empresarios. Algunos fundaron firmas que hicieron fortuna en Madrid, como Almacenes Rodríguez o Mantequerías Leonesas, en cuya tienda posó Audrey Hepburn en los años sesenta para el fotógrafo Gianni Ferrari. En Barcelona despuntó la empresa de decoración textil Gancedo, creada por José y Bernardo Gancedo Otero, oriundos de San Miguel de Laciana y alumnos de la escuela de Villablino.
Un legado que sigue vivo en Madrid
La exposición enlaza pasado y presente, y remite a la Fundación Francisco Giner de los Ríos y a su renovada sede en Madrid, donde la institución mantiene una actividad cultural permanente, según detalla Palomo. Más de un siglo y medio después, la idea de aquel maestro que pedía al discípulo que pensara por sí mismo, que investigara, cuestionara, dudara y desplegara las alas del espíritu conserva plena vigencia. Unamuno lo llamó "nuestro Sócrates español" y "partero de las mentes ajenas". Para quienes vivimos en la ciudad que fue su taller intelectual, celebrar este aniversario es casi un deber vecinal.


