Economía

Del hacinamiento en Madrid a una casa para toda la familia: el nuevo comienzo de Purificación

Una madre y sus siete hijos vivían hacinados en una habitación en Madrid. Gracias a Fundación Madrina, hoy empiezan una nueva vida en Siruela.

Del hacinamiento en Madrid a una casa para toda la familia: el nuevo comienzo de Purificación

Quien haya buscado techo en Madrid en los últimos tiempos sabe que dar con un lugar digno a un precio razonable roza la misión imposible. Pero lo que a muchos nos resulta difícil, para otras familias se convierte en un muro casi infranqueable. Ese fue el caso de Purificación, madre de siete hijos de entre 1 y 18 años y originaria de Guinea Ecuatorial, que durante mucho tiempo vivió con toda su prole apretada en una única habitación de alquiler en la capital.

Siete hijos en una sola estancia

Las condiciones no podían ser más duras: los pequeños dormían sobre colchones colocados directamente en el suelo y todos compartían un espacio que se quedaba claramente corto para una familia tan numerosa. Purificación trabajaba y lo intentaba de todas las maneras posibles, pero los precios disparados y los requisitos que exigían muchos propietarios impedían encontrar una vivienda acorde a sus necesidades. Su resumen, pronunciado en una entrevista en la Cadena Ser, no tiene desperdicio: “Estábamos como sardinas en lata”.

Una ayuda que llegó en un parque

El punto de inflexión apareció de la forma más inesperada. Una mujer con la que se cruzó en un parque de Madrid le aconsejó acudir a Fundación Madrina, una oenegé que combate la pobreza infantil y acompaña a madres jóvenes embarazadas con pocos recursos económicos. Allí comenzó recibiendo apoyo alimentario, hasta que llegó la propuesta que le cambiaría la vida: el programa Pueblos Madrina.

Esta iniciativa, que lleva casi dos décadas en marcha, busca que familias en situación de vulnerabilidad dejen las grandes ciudades para instalarse en municipios rurales pequeños que necesitan nuevos habitantes. Es decir, un encuentro entre quienes buscan empezar de cero y pueblos que luchan por no quedarse vacíos.

Bicicletas, un patinete y un sueño por delante

El pasado día 9, Purificación emprendió el viaje hacia Siruela, una localidad de la provincia de Badajoz, en Extremadura. El equipaje era más bien parco: dos bicicletas, un patinete y unas pocas pertenencias. La recompensa, en cambio, era enorme: una casa en la que cada hijo dispone, por fin, de su propio espacio. Algo que para la mayoría de las familias forma parte de la rutina y que para ellos era un sueño pendiente desde hacía años.

Conrado Giménez, presidente de la fundación, relató en la misma entrevista cómo los niños fueron recorriendo el nuevo hogar de estancia en estancia, descubriendo cada rincón de su casa. Purificación, por su parte, lo resumió con una serenidad que llevaba mucho tiempo sin tener: “Ya tengo paz. Por fin puedo descansar”. Reconoció, además, que nunca había dormido tan tranquila, sabiendo que sus hijos se encuentran en mejores circunstancias: “Después de tanto sufrimiento no tengo palabras. Los niños están felices”.

El pueblo la ha recibido con los brazos abiertos

La adaptación está siendo sorprendentemente rápida. Los menores ya se han matriculado en el colegio de Siruela y Tito, el hijo mayor, cuenta ya con opciones laborales sobre la mesa. Pero si por algo destaca esta madre es por la calidez de la gente: vecinos, docentes y residentes la han arropado desde el primer día. “Todos me saludan, todos me ayudan. Estoy viviendo un sueño”, cuenta.

Lo que esta historia dice de nuestra ciudad

El caso de esta familia condensa un problema muy reconocible para quien vive en Madrid: acceder a una vivienda se ha vuelto un vía crucis para quienes menos recursos tienen, por mucho que trabajen y se lo curren. Que la salida a su situación pasara por cruzarse media España dice bastante de cómo está el mercado del alquiler en la capital y de cuánto le cuesta a una familia numerosa abrirse paso aquí.

Purificación deja atrás años de apuros y mira al futuro con otra palabra que ya aplica a su nueva vida: libertad. Desde este blog solo queda desear suerte a ella y a sus siete hijos en esta etapa que empiezan en Siruela, y recordar que organizaciones como Fundación Madrina existen para acompañar a quienes atraviesan situaciones parecidas. A veces, el hogar que uno necesita no está donde se buscaba, pero llega cuando menos lo esperas.