Caballos la Albada
Opiniones de clientes
He pasado muchos años en esta hípica, bueno, más bien es un hogar, un equipo, una familia. Concretamente llevo doce años y fui de las primeras alumnas, cosas por la que estoy infinitamente agradecida. Desde que llegué al lugar me enamoré inmediatamente de la equitación, de los caballos, de la forma tan familiar que tienen de enseñar, de los valores que transmiten ... y me llevo muchísimo aprendizaje, vivencias y amor por los caballos Ha sido una etapa de mi vida muy importante para mí. Me ha enseñado a amar profundamente a estos hermosos animales y sobretodo me han enseñado que el trabajar con un caballo, únicamente es posible con respeto, conexión, confianza, lenguaje corporal, pasión y amor. Sinceramente no tengo palabras para agradecer todo lo que he aprendido como jinete y como persona❤️???? Hoy estoy en otro momento personal y cierro este ciclo con el corazón lleno y con gratitud por todo lo que me ha aportado. Gracias por formar parte de mi camino y de mi esencia. PD: un agradecimiento personal a Estrella, una yegua maravillosa que me ha enseñado desde pequeña lo que realmente significa la equitación y el amor incondicional. Te amo.
Esta hípica no es solo una escuela, ni solo un sitio donde se aprende a montar. Es el lugar donde he crecido, donde he aprendido a escuchar, a respetar, a caer y a volver a levantarme. Es, desde hace más de diez años, como mi casa. Llegué con apenas 3 años, acompañando a mi hermana. A los 4 me enamoré de los caballos y de la equitación, y fue entonces cuando comencé mis clases. Más tarde, debido a una caída, me alejé durante un tiempo. Pero volví después de reflexionar, más consciente y más fuerte, y tomé la decisión que ha marcado mi vida: quedarme. Apostar por esta hípica fue apostar por quien soy. Cada clase aquí es irrepetible. No es solo técnica, no es solo montar: es sentir. Es aprender a pensar, a observar y a respetar el proceso. Es salir distinta a como entraste. Recuerdo cada clase con total detalle, porque cada sesión es valiosa y profundamente intensa. Lo que se vive aquí es difícil de explicar con palabras. Aquí todo es diferente. Mi entrenadora significa muchísimo para mí, por todo lo que me ha enseñado desde tan pequeña y por haberme transmitido el amor y el respeto hacia los caballos y hacia este deporte. Su conocimiento es inmenso, pero aún más grande es su sensibilidad. Enseña a niños muy pequeños y a personas adultas, sin importar la edad, el nivel o las condiciones. Aquí no se juzga: aquí aprendemos todos. Aquí se educa con respeto y con amor por lo que se hace. En cuanto a la competición, este lugar me ha enseñado algo que va mucho más allá de ganar o perder. Me ha enseñado que competir no es demostrar, sino honrar el trabajo de mucho tiempo atrás, cuidar al caballo, ser honesta conmigo misma y crecer en cada salida a pista. Que el verdadero éxito está en el binomio, en la conexión, en hacer las cosas bien en todo momento y en razonar conscientemente, escuchando siempre al caballo. Esa forma de entender la equitación me ha marcado para siempre. El amor hacia los caballos que se vive aquí es increíble. Caballos sanos, tranquilos y felices, tratados con coherencia, respeto y de forma natural. Verlos vivir en manada, desde los más jóvenes hasta los más mayores, es una lección diaria de bienestar animal. Aquí los caballos no son herramientas: son compañeros y maestros. Las instalaciones no buscan aparentar nada; tienen exactamente lo imprescindible para construir lo más importante: un caballo feliz y una entrenadora sabia y paciente. La pista es ideal para transformar a cada jinete y amazona, y todo está pensado para su bienestar. También se agradecen enormemente las salidas que realizamos y las clases teóricas en la hípica, donde se aprende incluso sin montar: primero comprendiendo la técnica, observando y visualizando, y después trabajándolo en pista. Después de tantos años aquí, puedo decir con total seguridad que esta hípica no solo enseña a montar: enseña a sentir, a respetar, a amar y a vivir la equitación de verdad. Este lugar me ha dado identidad, valores, conocimiento y una forma sana y consciente de entender el mundo del caballo. Gracias por enseñar con el corazón. Ojalá más sitios así. Recomiendo totalmente este lugar.
¡¡GRACIAS!! Y me quedo corta. Gracias a Ana por revivir la ilusión y las ganas de montar de nuevo. Gracias por devolverme la confianza en mí misma. Gracias por su paciencia y gracias por saber trasmitir con tanta serenidad su sabiduría. Sus caballos son maravillosos y todos los animales que allí comparten con nosotras las clases. Otro nivel de comprensión y de amor a la hípica con conciencia. Gracias, de corazón ❤️