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La Nave 16 de Matadero, fábrica de cultura inmersiva que pone a Madrid en el mapa mundial

Las producciones inmersivas creadas en Matadero Madrid han recorrido 24 ciudades y superan los cinco millones de visitantes

La Nave 16 de Matadero, fábrica de cultura inmersiva que pone a Madrid en el mapa mundial

Hablar de cultura que viaja desde Madrid suele evocar cuadros que cruzan fronteras, giras teatrales o producciones de cine. Pero en la capital existe otra vía de exportación, menos convencional y sorprendentemente eficaz: las exposiciones inmersivas concebidas y producidas en Matadero Madrid, concretamente en su Nave 16, sede del proyecto MAD Artes Digitales.

Esta iniciativa, nacida en la ciudad, eligió ese recinto como su base de operaciones. Desde allí ha ido llevando sus montajes más allá de la capital con temas tan sugerentes como el Antiguo Egipto, Pompeya, el Titanic o Cleopatra, ensayando una fórmula que combina divulgación, creación audiovisual y tecnología en un mismo formato.

Las cifras que aporta la propia compañía permiten calibrar el alcance del fenómeno: sus producciones han pasado ya por 24 ciudades repartidas en cuatro continentes y acumulan más de cinco millones de visitantes. Y lo más interesante para quienes vivimos aquí es que Madrid no es solo el lugar donde se muestran estas piezas: es también el punto donde se idean y se desarrollan. Al frente de la más reciente, «La Odisea», su comisario, Nacho Ares, resume el orgullo del equipo afirmando que llevan el nombre de la ciudad como bandera.

A diferencia de esas grandes muestras internacionales que aterrizan temporalmente en la capital, en este caso el flujo funciona también al revés: sale de Matadero y se expande hacia el resto del planeta.

Del matadero al laboratorio digital

La historia arranca en marzo de 2022, con la apertura del Centro de Experiencias Inmersivas MAD. El Ayuntamiento lo presentó en su día como el mayor espacio de estas características de España y el segundo de Europa: cerca de 2.000 metros cuadrados, de los cuales alrededor de 1.200 se destinaron a la proyección inmersiva.

El bautismo de fuego llegó con «Klimt. La experiencia inmersiva», que sacó la obra del pintor austriaco de sus dimensiones habituales para desplegarla en grandes proyecciones alrededor del espectador, con apoyos interactivos y realidad virtual. El desembarco encajaba en un complejo que llevaba tiempo explorando la creación digital: ha acogido proyectos de realidad aumentada, virtual y extendida, además de citas como el festival L.E.V. Matadero, centrado en el cruce entre arte, tecnología y creación contemporánea. Sobre ese terreno, MAD fue perfilando su sello propio: aplicar esas herramientas a la divulgación artística e histórica.

Después de Klimt llegarían montajes dedicados a Tutankamón, Pompeya, el Titanic o Cleopatra, y con cada proyecto creció el arsenal técnico: proyecciones mapeadas en 360 grados, realidad virtual multisensorial, holografía y, más recientemente, entornos de metaverso.

Tecnología del mañana para relatos de hace milenios

En apariencia resulta contradictorio recurrir a dispositivos asociados al futuro para explicar acontecimientos de hace cientos o miles de años. Precisamente ahí reside, según explica Ares, parte del gancho: todo lo que tiene que ver con la historia atrae, y la meta es construir muestras didácticas donde se divierta por igual quien sabe mucho del tema y quien tiene ocho años. La propuesta responde, además, a un cambio profundo en la manera de consumir cultura: el visitante ya no se limita a contemplar, sino que puede pasear por una recreación digital, escuchar, interactuar y sentirse dentro del escenario explicado. El comisario lanza, eso sí, una advertencia: la clave es que la herramienta no acabe sustituyendo al contenido.

«La Odisea», la suma de todo lo aprendido

El capítulo más reciente de esta aventura es «La Odisea», que funciona menos como línea nueva que como culminación del camino recorrido en los proyectos anteriores. El desafío era trasladar al lenguaje digital uno de los grandes relatos fundacionales de la cultura occidental.

El recorrido empieza incluso antes de Odiseo: para entender al héroe hay que aproximarse primero al mundo capaz de generar su historia. Por eso la muestra se detiene en la civilización micénica, con sus palacios y ciudadelas, su organización, sus divinidades y los valores que sostenían aquella sociedad, antes de emprender con el público el viaje de regreso a Ítaca.

Para los vecinos de Madrid, la lectura es doble: una cita cultural diferente a la que acercarse sin salir de la ciudad y, sobre todo, la satisfacción de que uno de los sellos culturales más viajeros del momento lleve nuestro nombre impreso a donde quiera que llega.