Motor

De puertas de madera a la serie 1000: los 14 vagones históricos del Metro de Madrid

La colección de 14 coches históricos del Metro de Madrid inicia el trámite para ser declarada Bien de Interés Cultural.

Catorce vagones para contar un siglo de Metro de Madrid

Quienes cada mañana se suben a un tren moderno de la capital quizá no sospechen que la red guarda también una auténtica máquina del tiempo. Se trata de una colección de 14 coches históricos que repasa la evolución del suburbano desde sus primeros servicios en 1919 hasta la gran puesta a punto de los años sesenta. Puertas de madera que se abrían a mano, suelos del mismo material, asientos tapizados y lámparas con tulipas de vidrio son algunos de los detalles que todavía se pueden contemplar en estas unidades.

La novedad es que este conjunto podría recibir pronto una protección reforzada. La presidenta autonómica, Isabel Díaz Ayuso, anunció durante el Debate sobre el Estado de la Región la voluntad de declararlo Bien de Interés Cultural. Con la publicación de la resolución en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid ya se ha puesto en marcha el expediente para iniciar ese trámite, un paso que daría un blindaje institucional a uno de los tesoros patrimoniales de la ciudad.

Los pioneros de 1919

Las unidades más veteranas son cuatro coches del tipo Cuatro Caminos, fabricados en 1919 para la primera línea, la que unía Sol con Cuatro Caminos. De ellos destaca el M-6, que mantiene las señas de identidad de su reforma de los años treinta: una única cabina de conducción, puertas de apertura manual, suelo de madera y un linternón en el techo que servía para ventilar el interior. El M-9, por su parte, fue ideado para circular de forma independiente, con una cabina en cada extremo, y lucía el escudo de la Compañía Metropolitano Alfonso XIII.

Aquellos primeros trenes dependieron de piezas llegadas desde Estados Unidos. Tal y como recoge el BOCM, consultado por Europa Press, en plena Primera Guerra Mundial ningún país europeo estaba en condiciones de fabricar las unidades necesarias para estrenar el servicio, mientras que la industria española sí podía producir las cajas de los vehículos.

La red crece y los trenes cambian

Las ampliaciones del suburbano también dejaron huella en el material móvil. El remolque R-103, del tipo Ventas y construido en 1924, estrenó señales luminosas que avisaban al conductor del cierre de las puertas. En 1927 llegó el motor M-122 de la mano de la prolongación de la línea 2 hasta Quevedo, con accesos y cabina de mayor tamaño. Ya en los años cuarenta, dos coches Cuatro Caminos, el M-18 y el R-18, fueron alargados para ganar capacidad de viajeros.

Las décadas posteriores trajeron novedades bien visibles. En 1943, los vehículos del tipo Salamanca asignados a la línea 4 se convirtieron en los primeros del Metro madrileño con cuatro puertas. Una década más tarde, en 1956, los coches Legazpi, que prestaron servicio en las líneas 2 y 3, incorporaron una motricidad reforzada pensada para afrontar los tramos de mayor pendiente.

El salto a la modernidad con la serie 1000

El gran cambio de imagen llegó de la mano de la serie 1000. Los coches M-1121 y M-1122, construidos en 1965, dejaron atrás el rojo tradicional en favor de una carrocería verde y gris verdosa, con formas redondeadas inspiradas en el Metro de Nueva York. En el interior, el revestimiento lavable buscaba mejorar la higiene y alargar la vida útil de estos vehículos, que no abandonaron el servicio hasta 2002.

Dónde verlos

La buena noticia para los curiosos es que la mayor parte de la colección ya se puede visitar. Doce de los 14 coches incluidos en el expediente están restaurados y se exhiben en la estación de Chamartín, un plan distinto para una tarde en Madrid sin salir de la propia red. Los dos restantes, precisamente el M-18 y el R-18, se encuentran en las cocheras, donde continúa su proceso de restauración.

Mientras avanza el trámite de declaración, la colección sigue contando, vagón a vagón, la historia de una ciudad que lleva más de un siglo viajando bajo tierra. Que estos coches alcancen la categoría de Bien de Interés Cultural sería, en la práctica, un reconocimiento al papel que el Metro ha desempeñado en el día a día de Madrid y de quienes lo hacen funcionar.