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Dos curvas y adiós a los pasillos: la reforma que hace grande un piso de 80 m2 en Madrid

Un piso de los años 70 en Madrid gana amplitud con dos curvas que sustituyen los pasillos, ordenan tres dormitorios y concentran las instalaciones.

Dos curvas y adiós a los pasillos: la reforma que hace grande un piso de 80 m2 en Madrid

No hace falta tirar paredes sin control ni sumar metros para que una casa respire mejor. La prueba está en una vivienda de los años 70 situada en Madrid, un piso de 80 metros cuadrados donde el estudio MOME.ESTUDIO ha conseguido que quepan tres dormitorios, dos baños y una amplia zona de día sin que la casa se sienta apretada. Su herramienta principal no fue un material caro ni una estructura sofisticada, sino un gesto de lo más sencillo a la vista: dos grandes curvas.

Un edificio de 1973 con muchas condiciones

El piso ocupa un edificio residencial de 1973, de esos que jalonaron la expansión moderna de la capital durante los años 60 y 70. Su lenguaje es racionalista y funcional: viviendas modulares repetidas, volúmenes claros, ladrillo visto y muy poco adorno. Por dentro, sin embargo, escondía todo tipo de trabas para reformar: pilares, instalaciones, patinillos —esos pequeños huecos ocultos en los tabiques por los que discurren tuberías y cables— y una estructura reticular bidireccional que limitaba dónde se podía abrir o perforar, todo ello agravado por la altura libre disponible.

Suele pedir quien reforma eliminar los pasillos para ganar superficie útil, pero la pregunta es qué hacer entonces con todo aquello que hay que conservar y que formaba parte del diseño compartimentado original. El equipo del despacho, cofundado por María Ormazabal, lo tuvo claro: en lugar de pelear contra cada obstáculo por separado, decidieron integrarlos dentro de dos grandes elementos curvos capaces de concentrar instalaciones, almacenaje y programa. Lo que al principio fragmentaba la vivienda terminó siendo el propio motor del proyecto.

Curvas que ordenan y esconden

Cada una de las dos curvas tiene su papel. Una se construye en madera e incorpora programa y almacenamiento; la otra actúa como un plano claro y continuo. Ninguna llega a tocar del todo sus extremos, y ahí, justo en la separación entre la nueva geometría y la envolvente original, es donde aparecen los accesos a los dormitorios. Las puertas, de hecho, quedan integradas en la lógica del proyecto y desaparecen de la vista desde la zona común, de modo que los espacios íntimos surgen de forma natural donde la geometría se interrumpe.

Gracias a esta ordenación, el piso funciona sin pasillos convencionales. Las zonas privadas se disponen alrededor de las curvas, mientras que el recorrido público encadena de forma continua recibidor, comedor, estar y cocina. Las arquitectas querían, además, que las curvas se leyieran como elementos precisos y continuos, sin encuentros accidentales ni parches añadidos: gran parte del esfuerzo consistió en esconder la complejidad constructiva para que el resultado se percibiera con naturalidad.

Materiales cálidos y mucha luz

Para redondear la sensación de amplitud, el equipo trabajó con una paleta reducida y cálida: madera, pavimento de roble, superficies claras y neutras y una iluminación suave y tamizada. Esa materialidad distingue los dos volúmenes sin contrastes estridentes y actúa como fondo tranquilo para las piezas de los propietarios, como las sillas Cantilever de los años 70 o una litografía de Joan Miró.

La luz también juega su partido. Las curvas se colocaron para conectar y amplificar los dos grandes focos de iluminación natural de la casa: la antigua terraza del tendedero, que el estudio recupera, integra en el interior y reconvierte en cocina, y la que ya formaba parte del salón y se mantiene en su sitio de origen.

Una casa con carácter, no funcional a secas

Detrás del encargo está Leticia Barbeito, directora del equipo europeo de Innovación de Condé Nast, que vive en este piso con su pareja y su bebé recién llegado. Desde las primeras conversaciones pidieron alejarse de lo convencional: ni pasillos ni estancias meramente funcionales, sino una vivienda con identidad clara que reflejara su sensibilidad por el arte y el diseño.

El resultado, según describen desde MOME.ESTUDIO, es una casa serena, cálida y continua, donde la arquitectura tiene presencia sin necesidad de imponerse. Luz, materiales y recorridos tejen una atmósfera común que hace que los 80 metros cuadrados se perciban como un único espacio conectado y no como una sucesión de habitaciones sueltas. Una lección que bien puede inspirar a quien esté pensando en reformar su piso en Madrid.