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Alquilar una habitación en Madrid ya cuesta 636 euros al mes y no es plan B, es el único camino

Compartir piso en Madrid se normaliza: la capital concentra casi una cuarta parte de los anuncios del país y paga de media 636 euros por habitación.

Compartir piso en Madrid ya no es un plan B: es la única puerta de entrada a un alquiler

Buscar techo en Madrid se ha convertido en un ejercicio de resignación. Lo que hace unos años era la solución provisional de estudiantes —alquilar una habitación mientras se encontraba un piso entero— se ha transformado en el destino final de muchas personas de todo tipo de edad y profesión. Compartir vivienda ha dejado de ser una etapa juvenil para convertirse en la única fórmula al alcance de quienes no pueden hacer frente a los precios de un alquiler completo.

Los datos lo confirman con claridad. Según el portal Pisos.com, la provincia madrileña concentra el 26,35% de toda la oferta nacional de habitaciones, muy por delante de Barcelona (16%) y Valencia (10,9%). Si bajamos a la capital, la cifra es aún más elocuente: Madrid reúne el 22,59% de los anuncios de habitaciones en alquiler de España, casi uno de cada cuatro, cuando un año atrás apenas llegaba al 15,36%.

Más anuncios, pero menos casa

Entre 2025 y 2026, el número de habitaciones anunciadas creció un 31,63% en la provincia y un 41,88% en la ciudad. Podría parecer una buena noticia, pero el análisis de los expertos desmiente esa primera impresión. Ferran Font, portavoz y director de Estudios de Pisos.com, lo resume sin rodeos: la capital no ha creado vivienda nueva para compartir, sino que ha troceado la que ya existía. Que haya más anuncios no implica más metros cuadrados disponibles para vivir, matiza, sino el mismo parque repartido entre más contratos e inquilinos, justo lo contrario de lo que necesita la ciudad.

Detrás de buena parte de ese crecimiento está la reconversión de salones y comedores en dormitorios. Habilitar el salón como una habitación más permite al propietario sumar una renta adicional sin obras de relevancia, pero encoge la vivienda: desaparece el único espacio común, se tensa la convivencia y se normaliza que un piso de tres dormitorios aloje a cinco personas, según advierte el propio portal. Es una respuesta del mercado a una escasez real, no una solución a esa escasez.

Calidad a la baja

Ese troceo tiene otra consecuencia visible: las habitaciones que llegan al mercado son peores que las de hace un año. A escala nacional, las amuebladas han pasado del 83,32% al 73,1% de la oferta; las exteriores, del 35,72% al 30,45%; las suites, del 7,43% al 4,35%; y las viviendas con calefacción, del 53,73% al 41,63%. En otras palabras: sube el volumen, pero caen el mobiliario, la luz natural y las prestaciones.

El precio: 636 euros al mes por una habitación en la capital

Y luego está el coste. Alquilar una habitación en España cuesta de media 498,20 euros al mes, un 4,67% más que el año pasado y cerca de un 78% más que hace una década, siempre según Pisos.com. Madrid se cuela en el podio de las capitales más caras del país: aquí la media asciende a 636,10 euros mensuales, solo superada por Palma (686,33 euros) y Barcelona (647 euros).

¿Merece la pena comparar con el alquiler completo? Según los datos de Idealista, un apartamento de un dormitorio cuesta de media 984 euros al mes en España, un 132% más que una habitación (425 euros según sus cifras). Los estudios se quedan en 819 euros. Esa diferencia explica que muchos inquilinos, agotados tras buscar un piso entero, terminen renunciando a lo que buscaban y conformándose con una estancia compartida.

Una demanda que no deja de crecer

La presión no viene solo de quienes no encuentran piso. Fotocasa apunta que un 3,2% de los españoles alquilaron o buscaron alquilar una habitación en el primer semestre de este año, frente al 2,8% registrado en 2025. A ello se suman los cambios demográficos: la mayor llegada de personas migrantes y el alza en la creación de hogares, siendo los unipersonales el caso más delicado.

María Matos, directora de Estudios y portavoz de Fotocasa, subraya que el crecimiento de la demanda de viviendas completas y de habitaciones confirma que la tensión se extiende a todo el mercado del alquiler: cada vez más personas necesitan una casa y, ante la falta de oferta y unos precios todavía muy elevados, acaban renunciando a su objetivo inicial.

Para quienes vivimos en Madrid, la conclusión es incómoda pero clara: la habitación compartida ha dejado de ser una etapa de paso para convertirse en el último recurso —y a menudo en el único— en una ciudad donde alquilar se ha encarecido hasta el límite.