Disfruta de los últimos días de agosto en Madrid con estos seis planes de mesa
Aunque la ciudad ha recuperado su ritmo habitual, todavía quedan días para saborear Madrid con una calma especial. Si buscas alargar las sobremesas, refugiarte entre árboles o disfrutar de vistas privilegiadas antes de que llegue el otoño, hemos seleccionado seis direcciones donde el entorno y la cocina se complementan a la perfección. Desde barrios históricos hasta grandes avenidas, estas propuestas invitan a exprimir el final del verano.
Un oasis con jardín en Arturo Soria
En pleno corazón de la ciudad, existe un espacio que funciona como refugio cuando aprieta el calor. Durante el mes de agosto, este local abre exclusivamente por las tardes, aprovechando al máximo su terraza techada, su jardín y un salón acristalado con vistas. La propuesta gastronómica es mediterránea, dando prioridad al producto fresco y a la brasa. Para un plan informal en su zona de chill out, destacan las gildas, el tartar de atún rojo o los calamares rebozados con mayonesa de lima. Si prefieres sentarte a la mesa, no te pierdas el steak tartar de solomillo, el pulpo a la brasa con espuma de patata o sus arroces melosos para compartir. Es un lugar que cobra todo su sentido en esta época del año.
Vistas al Palacio Real y cocina castiza
Imagina una mesa rodeada de fuentes y jardines históricos, con el Palacio Real como telón de fondo. Este comedor, inaugurado recientemente, aprovecha el encanto del Campo del Moro para ofrecer desde un aperitivo hasta una comida reposada. Su carta mezcla la tradición madrileña con el picoteo contemporáneo, pensada para compartir. Encontrarás desde torreznos crujientes con yema curada hasta calamares fritos cítricos. El homenaje a la ciudad llega de la mano de una selección llamada Madrid en el plato, que reúne seis bocados icónicos como callos, bravas y el clásico bocata de calamares, todo ello con un toque de especias árabes en los pimientos.
El placer de quedarse en el barrio de Salamanca
Hay bares diseñados para que entres a tomar un aperitivo y acabes pasando la tarde entera. En una tranquila calle del barrio de Salamanca, este proyecto nacido hace casi dos años recupera la idea de la barra viva y el ambiente cercano. Su cocina reinterpreta la tradición española con libertad, ofreciendo una carta corta pero cambiante. Platos como el pepito de chistorra, el mollete de rabo de toro o los huevos El Desgraciao conviven con clásicos bien ejecutados. Además de una estupenda terraza que funciona como sala al aire libre, cuentan con una bodega extensa que incluye vermú de la casa y cócteles, ideal para enlazar el vermú con la cena.
El Mediterráneo llega a la Castellana
Entre grandes ventanales y un jardín protegido, un nuevo comedor del Grupo La Fábrica trae los sabores del Mediterráneo a la zona de la Castellana. Firmada por el chef Aitor Mena, la propuesta se centra en el producto, la brasa y las raíces. El mar tiene un peso importante en la carta, con platos como la lubina de estero a la parrilla o la gamba blanca en temporada. También destacan sus elaboraciones para compartir, como la gilda XXL de anchoa y atún rojo, o las croquetas cremosas de gamba blanca. Es un espacio luminoso, con materiales naturales, perfecto para disfrutar de una comida relajada sin salir del centro financiero.
Un clásico renace como steakhouse
El antiguo Gayarre vuelve a la escena gastronómica de Madrid, esta vez convertido en una steakhouse moderna. La parrilla de carbón y el horno de leña son los protagonistas de una carta que va más allá de la carne. Aunque los grandes cortes madurados son su seña de identidad, el fuego también potencia el sabor de pescados como el rodaballo al estilo Guetaria o el rape de tripa negra. Para comenzar, ofrecen recetas frescas como carpaccio de carabinero o aguacate a la brasa. Con una cuidada carta de vinos y coctelería, este espacio invita a alargar la velada sin nostalgia, sino con la fuerza del fuego.
Una escapada italiana en Moncloa
Si buscas la sensación de estar en la Costa Amalfitana sin salir de Madrid, este restaurante en Moncloa recrea la luz y el aire del sur de Italia. Sin artificios en la decoración, la magia está en la mesa: pizzas napolitanas de horno de piedra y pasta fresca elaborada diariamente. Con el calor, han incorporado platos más frescos ideales para compartir, como el carpaccio de vaca madurada con aceite de limón o la burrata con pesto de pimientos asados. Los amantes de la lasaña deben probar la versión boscaiola con boletus y trufa. Todo ello acompañado de spritz actualizados y vinos ligeros para disfrutar sin prisas.


