Educación

El paro de las educadoras de Infantil en Madrid tensiona el día a día de las familias

La huelga indefinida de las profesoras de Infantil en Madrid deja aulas cerradas y familias sin poder trabajar al inicio de curso.

Una huelga que ya se nota en las casas: el conflicto de las educadoras de Infantil en Madrid

Desde el pasado 7 de abril, las profesoras de Educación Infantil mantienen una huelga indefinida que ya no afecta solo a sus condiciones laborales. El impacto empieza a sentirse en los hogares de Madrid, donde padres y madres se ven obligados a improvisar cada mañana ante la posibilidad de encontrar su escuela cerrada, justo cuando el curso atraviesa el delicado periodo de adaptación de los más pequeños.

Las reivindicaciones, a las puertas de las escuelas

Cada día, las entradas de los centros amanecen cubiertas de carteles con las peticiones de las educadoras, que se sienten tratadas como personal de segunda. Los mensajes denuncian desde ratios imposibles de manejar hasta desigualdades entre los distintos modelos de gestión, e incluso la sensación de que esta etapa educativa se adjudica al mejor postor.

Las trabajadoras han llevado su protesta también a la acampada de la Puerta del Sol. Sus banderas principales son claras: una pareja educativa por aula, ratios más reducidas, mejores sueldos y una gestión pública unificada que evite externalizaciones y privatizaciones. María Pizarro, integrante de la Plataforma Laboral Escuelas Infantiles, explica desde Sol que acaban haciendo tareas de conserje, cocina y limpieza además de educar, con nóminas de 1.080 euros al mes.

Aulas cerradas y padres con problemas para llegar al trabajo

Este lunes varios centros no pudieron abrir por falta de personal suficiente. Muchas de las profesoras asignadas a los servicios mínimos no se presentaron por estar enfermas y sus ausencias no pudieron cubrirse durante la huelga, lo que agravó aún más la escasez de personal.

Las familias, que siempre se habían mostrado solidarias con las demandas de las educadoras, comienzan a agotar la paciencia. Una madre afectada denuncia que ni siquiera acudieron las educadoras destinadas a los servicios mínimos, algo que considera ilegal, y que avisaron a primera hora de que la clase de su hijo estaba cerrada, dejándola sin poder ir a trabajar.

Otra afectada, de la escuela Gloria Fuertes en el barrio madrileño de Las Tablas, cuenta que tuvo que perder una mañana entera de trabajo por ser autónoma. Reconoce el derecho a la huelga, pero pide que resulte compatible con que el resto de la gente pueda cumplir con sus obligaciones.

Los episodios no terminan ahí: algunas escuelas amanecieron con cerraduras forzadas o selladas con silicona para impedir el acceso, lo que retrasó a numerosos padres en sus empleos. Un padre de un centro de Alcobendas relata que su familia estuvo media hora esperando a los técnicos que repararan la puerta.

Consecuencias en los pequeños durante la adaptación

El conflicto también deja huella en los niños. Muchos no cuentan con sus profesoras de referencia habituales en unos días clave, lo que genera desconcierto. Los progenitores relatan casos de pequeños que han vuelto al pañal después de haberlo dejado, y otra madre explica que a su hija de piel atópica, que necesita pañales especiales llevados desde casa, le pusieron los primeros que encontraron, regresando con la piel irritada.

Sin negociación a la vista y con nueva huelga en el horizonte

La salida del conflicto no parece cercana. Las educadoras se quejan de que ni el Ayuntamiento ni la Comunidad de Madrid les reciben desde el pasado mes de mayo. Además, el 14 de octubre arranca otra huelga indefinida de toda la enseñanza pública, a la que podrían sumarse más de 60.000 docentes de la región. Las maestras de Infantil insisten en que no quieren que sus demandas queden solapadas con las del resto del profesorado.

Desde la Comunidad de Madrid responden que están incorporando la presencia de dos educadoras por aula y alegan no tener competencias en materia de retribuciones salariales.

Esa respuesta enlaza con otra de las reclamaciones: las condiciones laborales varían según el modelo de gestión. Las escuelas municipales disfrutan del mejor marco, con la pareja educativa ya implantada en todas las aulas; detrás se sitúan las de la Comunidad y las privadas, que presentan las ratios más altas: ocho alumnos por clase de cero a un año, catorce de uno a dos y veinte de dos a tres. Una educadora lo resume en que hay niños de primera, segunda y tercera según su código postal, mientras el Gobierno central ultima un decreto que reduciría a la mitad las ratios actuales.