La universidad se paga con deuda: Madrid en la cabeza de la estadística
Para muchos vecinos de nuestra ciudad, la idea de que los hijos estudien una carrera universitaria sin que la economía doméstica sufra un revés importante se está convirtiendo en una utopía. Ya no basta con apretarse el cinturón o usar los ahorros de toda la vida; la realidad es que cada vez más familias españolas, y muy especialmente las de la Comunidad de Madrid, se ven obligadas a acudir a la banca para financiar la formación de sus hijos.
Un crecimiento imparable del endeudamiento
Los datos son contundentes y muestran una tendencia al alza que no parece tener freno. Según los últimos informes de la Asociación de Usuarios Financieros (ASUFIN), en el año 2026 el 14,2% de todos los créditos solicitados por los consumidores tuvieron como destino pagar estudios. Esto supone casi 900.000 préstamos activos. La progresión es clara: hace apenas tres años, en 2023, esta cifra se situaba en el 13,4%. En la última década, el volumen de este tipo de financiación se ha multiplicado por cuatro.
Si miramos el mapa por comunidades autónomas, Madrid se sitúa en una posición destacada, aunque no precisamente por algo positivo. Junto con Cataluña, nuestra región encabeza la lista con un porcentaje de créditos destinados a la educación que supera el 17%, muy por encima de la media nacional. Esto nos coloca muy lejos de otras zonas como Extremadura, Castilla-La Mancha o Galicia, donde los porcentajes rondan el 11%.
¿Qué se paga exactamente con estos préstamos?
No es lo mismo financiar un grado que un máster. Los expertos señalan que para los grados universitarios, las familias suelen solicitar entre seis mil y nueve mil euros, con cuotas mensuales que se ajustan alrededor de los 400 euros a devolver en plazos de 18 meses. Sin embargo, la cosa se complica en los posgrados, donde los préstamos pueden oscilar entre los 15.000 y los 30.000 euros.
El motivo principal de este disparate no son las tasas académicas en sí, que en la pública se mantienen en mínimos históricos, sino todo lo que rodea al estudiante. El alojamiento, ya sea en alquiler compartido o en residencias, se ha convertido en la partida que más peso tiene en el presupuesto. A esto hay que sumar que las becas actuales apenas cubren la mitad de los gastos reales y que la inflación ha erosionado la capacidad de ahorro de los hogares.
El caso de Madrid: entre la falta de plazas y el coste de vida
En nuestra ciudad, la situación es particularmente delicada debido a la infrafinanciación crónica de las universidades públicas. El aumento de alumnos no ha ido acompañado de una ampliación de plazas públicas, lo que ha provocado un trasvase masivo hacia la enseñanza privada, especialmente en los másteres.
Un ejemplo cercano es el de Daniela, una joven de 19 años vecina de Madrid. Al no conseguir plaza pública para estudiar Psicología debido a su nota de corte, tuvo que matricularse en una universidad privada. Aunque eligió una de las opciones más económicas de la capital, el coste mensual de la carrera es de 720 euros. Gracias a sus excelentes notas y a la renta familiar, logra pagar 450 euros, más una matrícula que supera los 1.800 euros.
A pesar de vivir con sus padres, Daniela ha decidido trabajar por su cuenta para no arruinar la economía familiar. Compagina sus estudios con trabajos de socorrista en verano, clases particulares y servicios de estética durante el curso. Reconoce que va muy justa de dinero y que el estrés de no llegar a fin de mes le ha pasado factura incluso en su salud, provocándole brotes de acné.
La conclusión es clara: estudiar en Madrid es cada vez más caro no solo por la matrícula, sino por el coste de vida asociado. Mientras las universidades públicas no aumenten su oferta y las becas no se adapten a la realidad inflacionaria, el crédito bancario seguirá siendo la única vía de escape para muchas familias madrileñas que quieren ofrecer un futuro a sus hijos.


