Madrid sigue ganando peso en la economía española y ya roza el 20% del PIB
Quien vive en Madrid lo nota a diario: la ciudad no para. Y los últimos datos de contabilidad regional publicados por el INE, correspondientes a 2025, lo confirman con números. La Comunidad de Madrid ha pasado de representar el 17,5% de la economía española a comienzos de siglo a rozar el 20% en la actualidad, concretamente el 19,95%. Una tendencia de fondo que se mantiene invariable desde hace décadas y que convierte a nuestra región en un auténtico imán de actividad frente al resto del país.
Un desplazamiento lento pero constante de actividad
No es que las demás comunidades no crezcan: lo hacen, pero de forma agregada siempre a un ritmo menor. Si tomamos un periodo amplio como los últimos 25 años, casi un 2,5% del PIB español ha dejado de generarse en las 16 comunidades que no son Madrid para pasar a engrosar las estadísticas de la autonomía que alberga la capital. Un desplazamiento silencioso pero imparable.
La pérdida no se ha repartido por igual. Catalunya conserva prácticamente su peso (del 18,95% en el año 2000 al 18,93% en 2025), pero otras han cedido terreno de forma notable: la Comunitat Valenciana ha pasado del 9,7% al 9,3%, el País Vasco del 6,3% al 5,7% y Castilla y León del 5,5% al 4,6%. Toda esa actividad perdida se ha desplazado, en esencia, hacia Madrid.
Joan Ramon Rovira, director del servicio de estudios de la Cambra de Comerç de Barcelona, lo resume con claridad: el efecto centrípeto que absorbe actividad hacia Madrid se mantiene según los últimos datos. Economistas como él insisten en que lo importante son las tendencias, más que el dato de un año aislado. Y la del alza madrileña no tiene pinta de frenar.
Riqueza por habitante: una distancia que se amplía
Donde el liderazgo madrileño es todavía más evidente es en el PIB por habitante. Con 47.220 euros por persona, la región encabeza el ranking a enorme distancia de la siguiente, el País Vasco, con 42.492 euros. Aunque en 2025 Madrid creció una décima menos que la media, en el largo plazo su posición se refuerza: en el año 2000 estaba un 33% por encima de la media española y el año pasado lo estaba un 38%.
En esa métrica, que para algunos economistas mide mejor la salud de un territorio, Madrid lleva varios años creciendo más que Catalunya. El PIB per cápita madrileño avanzó un 4,6% el pasado año frente al 4,4% catalán. Miquel Puig, economista y coautor del Informe Fènix, habla de un lento pero inexorable alejamiento entre ambos indicadores.
La brecha con Catalunya, en máximos históricos
Catalunya, que prácticamente desde que hay registros encabezaba el peso en el PIB español, cedió el primer puesto en 2017, coincidiendo con la crisis del referéndum. La distancia entre ambas comunidades ya supera el punto y el año pasado tocó máximos. Eso sí, la corrección al alza que el INE hizo del PIB madrileño de 2024 suaviza el dato anual: con las cifras revisadas, el peso de Madrid solo aumentó dos centésimas en 2025, aunque tomando como referencia el dato no corregido del ejercicio anterior el avance superaría la décima.
En crecimiento del PIB en valor absoluto, Murcia fue la que más avanzó (3,8%), seguida de Extremadura (3,2%) y La Rioja, mientras Cantabria (1,7%), Asturias (1,9%) y País Vasco (1,9%) se quedaron a la cola. Madrid creció un 2,7%, por encima del 2,5% catalán y del 2,6% de la media española.
La clave: dos estructuras productivas distintas
Desde la Generalitat, la consellera de Economia Alícia Romero defiende que el peso catalán se ha mantenido muy estable, cerca del 19%, desde los años 90, y atribuye la divergencia a la diferente estructura productiva de ambos territorios. Mientras la industria catalana ha atravesado una coyuntura complicada por las tensiones comerciales globales, las crisis energéticas y los retos de la transición digital y climática, la economía madrileña está más especializada en servicios intensivos en conocimiento, algunos ligados al efecto capitalidad, que han registrado una expansión significativa en los últimos años.
Para quienes vivimos en Madrid, la lectura es doble: por un lado, la ciudad consolida su papel de motor económico del país; por otro, ese tirón plantea debates sobre el equilibrio territorial que seguirán dando que hablar. De momento, los números vuelven a sonreír a la capital.


