Isabel Coixet sella en Madrid un mensaje para el año 2077
Quien pase estos días por la sede del Instituto Cervantes en Madrid quizá no lo sepa, pero entre sus muros acaba de quedar guardado un pedazo de memoria cultural con fecha de apertura muy lejana. La directora y guionista Isabel Coixet ha depositado su legado en la conocida como Caja de las Letras, aquella antigua cámara de un banco reformado que hoy funciona como cápsula del tiempo de la cultura en español.
¿Qué esconde su consigna? Tres piezas muy personales: un collage elaborado por ella misma, una cinta de casete con su banda sonora vital y una carta escrita a mano pensada para quienes abran el compartimento dentro de cincuenta años, allá por 2077.
Una cineasta con la mirada puesta en el mundo
El presidente del Instituto Cervantes, Luis García Montero, no escondió su emoción durante el acto y definió a la cineasta como una mirada que ha recorrido el mundo sin perder jamás la curiosidad. Subrayó, además, que esa forma de observar nunca se quedó en la ficción, sino que se convirtió en una manera de responder ante la sociedad.
García Montero repasó algunas de sus películas más queridas, como 'Mi vida sin mí' o 'La vida secreta de las palabras', y advirtió de que sería un error reducir su proyección internacional a pura geografía. A su juicio, Coixet ha logrado algo más difícil: convertir la libertad y el viaje en un método para llegar al fondo de las cosas. Puso como ejemplo su faceta de adaptadora literaria, con títulos como 'Un amor', basado en la novela de Sara Mesa, y no dudó en calificarla de intelectual en el sentido más abierto y hermoso del término.
Ilusión, angustia y algo hecho con las manos
La propia directora confesó que, cuando recibió la llamada del Cervantes, la ilusión fue enorme. Al día siguiente, sin embargo, le invadió una angustia tremenda: ¿qué se le puede dejar a la posteridad? Tras darle muchas vueltas, optó por aportar algo elaborado con sus propias manos. De ahí el collage, que ella describe como una referencia a un libro vista desde otro ángulo y, a la vez, como una pieza enigmática: quien la descubra dentro de medio siglo lo primero que pensará es ¿esto qué es?
Dieciocho canciones atrapadas en un casete
El segundo objeto es, según sus propias palabras, un auténtico anacronismo: una cinta de casete con dieciocho canciones que la han acompañado toda la vida. La cineasta se ríe al imaginar a los depositarios del futuro, que tendrán que ingeniárselas para poder reproducirla. En la lista, abriendo la marcha, suena 'Volando voy' de Camarón de la Isla, seguida de 'El reloj' de Lucho Gatica y de 'La lista de la compra' de La Cabra Mecánica.
Una carta con advertencias: clima e inteligencia artificial
El tercer depósito es quizá el más emotivo: una carta escrita con un bolígrafo Bic, que ella considera una de las grandes invenciones de la humanidad, y titulada 'A quien pueda interesar en el 2077'. La leyó en público durante el acto, dirigiéndose a quienes algún día abrirán esa caja. Incluso bromeó con la imagen de sí misma convertida para entonces en una urna de Hello Kitty, aunque el contenido es serio.
Coixet aludió a la emergencia climática: los glaciares se derriten, los bosques arden y las temperaturas no dejan de subir, mientras nosotros seguimos paralizados, sin saber si aún estamos a tiempo de hacer algo. Mostró, no obstante, su convicción de que la generación del 2077 habrá tomado buena nota de todo ello y habrá dicho basta.
También pidió, de cara al futuro, que se pongan límites a la inteligencia artificial, a los androides y a todo aquello que nos está volviendo más perezosos, letárgicos y, en su opinión, más bobos durante esta década. Y lanzó una redefinición del progreso: crecer no es progresar, sino enriquecerse a costa de la miseria ajena. El verdadero progreso, escribió, es respirar mejor, aburrirse mejor, caminar mejor, equivocarse mejor, reír mejor y crear a partir del error.
La consigna 1586, con doble llave
Su legado quedará guardado en la consigna número 1586. La directora reconoció que, de haber conocido de antemano el tamaño del compartimento, habría metido algunas cosas más. Como manda la tradición de la Caja de las Letras, habrá dos llaves: una se la queda ella y la otra permanecerá en poder de la institución.
Madrid vuelve a demostrar, con gestos como este, que es mucho más que monumentos y terrazas: es también el lugar donde la cultura en español guarda sus tesoros para el mañana. Ahora solo queda esperar medio siglo para descubrir cómo suena el casete de Coixet en el año 2077.


